Fotos: Gonzalo Espinoza B.

Lúcida, rigurosa y reflexiva sobre los cambios que ha traído para la educación el paso de los años. Así se presentó, Alicia Vega (86), profesora e investigadora en cine que tuvo la misión de abrir el primer ciclo de clínicas organizadas por la Cineteca Nacional, una serie de encuentros que durante el segundo semestre reunirán al público con distintos profesionales del mundo audiovisual.

Tras la muestra del documental «Cien niños esperando un tren» (Ignacio Agüero, 1988), filme que el próximo 2 de septiembre cumple 30 desde su estreno, Alicia dio inicio a una exposición admirable, llena de anécdotas, historia, arrojo, esfuerzo y creatividad que tuvo como actores principales a los cerca de seis mil niños de escasos recursos que tuvieron la oportunidad de disfrutar y aprender, entre 1985 y 2015, en el Taller de Cine para Niños que creó y dirigió con el fin de llevar el séptimo arte a las poblaciones de Santiago.

El corazón de estos talleres latió en plena dictadura, misma época donde el documental estuvo censurado y días en que la marginalidad era un tema invisible. Sin embargo, Vega aseguró que pudo desarrollar su labor sin ningún tipo de intervención. «Dificultades políticas no tuve porque yo no tenía ninguna importancia en el país, así es que podía hacer mi trabajo tranquilamente. Mis destinatarios eran niños pobres y eso no le importaba a nadie», dijo.

Los asistentes aprovecharon el conversatorio para manifestar admiración por la profesora y hacer algunas preguntas intentando conocer más sobre su percepción acerca de temas relacionados a la cinta como la pobreza, la realización del taller en plena dictadura, la estrategia para organizar clases de cine para niños, entre otros.

«Cuando uno propone un trabajo debe estar seguro de que lo va a cumplir», sostuvo Vega para explicar cómo logró realizar con tanto éxito los 35 talleres que ofreció durante tres décadas sin faltar a ni una sola cita, teniendo siempre los materiales apropiados para sus estudiantes y considerando hasta el más mínimo detalle para lograr todos sus objetivos, los que -aseguró- también se cumplieron gracias a la ayuda de las familias de los niños.

Al respecto, dijo: «a través de pequeñas cosas, gestos, se va creando en el niño y su núcleo familiar la conciencia del respeto que se tiene a las personas», algo que según expresó, es sumamente importante, teniendo estrecha relación con el aprendizaje obtenido por los niños, muchos de ellos analfabetos y sin los recursos mínimos para una buena calidad de vida.

Acerca de los cambios que ha vivido la educación y la manera en cómo es enseñar hoy versus los métodos que se usaron durante la década de los ’80, Alicia Vega reflexionó: «hace 30 años atrás no había celulares y nadie tenía mucha televisión, especialmente en las poblaciones. Esto cambió a través de los años y ahora tuvimos niños con celulares en el último taller el 2015. Eso va dando la pauta de que las cosas son muy distintas. Además hay como una enfermedad en la tecnología actual, porque los usuarios -que son primero los adultos- no han sabido manejarla, no han tenido la cultura suficiente, entonces no han puesto en sus casas una manera de ver bien la imagen porque lo ignoran. Todo esto ha sido sorpresivo y ha tomado a la gente sin ninguna defensa».

Las clínicas de la Cineteca Nacional continuarán en agosto con la exposición de Matías Bize (La memoria del agua, La vida de los peces), en septiembre con Pepa San Martín (Rara), octubre con Maite Alberdi (La once, Los niños) y noviembre con Sebastián Moreno (La ciudad de los fotógrafos, Guerrero).