“¿Cuánto va a durar esto?” Es la pregunta que descorre la cortina de Rocketman (2019), la película biográfica del afamado músico británico, Elton John. El filme estrenado en Chile el jueves 30 de mayo es un verdadero viaje en cohete por la vida del artista, un periplo con idas y vueltas, frenético y calmo, alegre y conmovedor; colorido y muy al estilo Broadway. Muy al estilo de Sir Elton.

Protagonizado por Taron Egerton (Kingsman, Robin Hood), el trabajo a cargo de Dexter Fletcher –mismo director que tuvo la misión de terminar la acontecida biopic de Freddie Mercury, Bohemian Rapsody (2018)– está armado de tal forma que realidad y fantasía se entrelazan en una historia fiel al intérprete de “Tiny Dancer”, quien estuvo directamente ligado a su realización como uno de sus productores ejecutivos, logrando que el filme no obviara las escenas sobre sus adicciones y relaciones amorosas, algo que le costó a la producción el cambio en la calificación de censura y el corte de algunas escenas en países como Rusia.

Sin ser un musical al cien por ciento, Rocketman apela a este género en algunas ocasiones para darle una pizca de sabor al espectáculo (no sería extraño ver en un futuro algún cartel ofreciendo este show en teatros neoyorquinos), y su relato sincero -aún cuando sólo se trata de la visión del artista- le entrega al espectador la confianza para dar una vuelta por distintos periodos de la vida de Reginald Dwight antes de convertirse en Elton John y luego, todo lo que trajo consigo no sólo el ascenso a la fama, sino también el crecimiento de una figura llena de carencias y cuyas necesidades fueron saciadas, en parte, gracias a la música.

Ovacionada durante su debut en el festival de cine de Cannes, la película abarca la multiplicidad de relaciones entre Elton John y quienes transitaron, y aún transitan, por su vida. La triste y fría relación con su padre Stanley (Steven Mackintosh) y su madre Sheila (Bryce Dallas Howard); la importancia de su abuela Ivy (Gemma Jones), la amistad que hasta el día de hoy une al cantante con el compositor y letrista Bernie Taupin (Jamie Bell en el filme); la relación que el músico forjó con John Reid (Richard Madden), su manager y primera pareja, y quizás la más importante: la de Reggie con él mismo.

Y son esas mismas relaciones las que van construyendo a esta figura musical, un hombre que va descubriendo quién es a través de cada toque que dan sus dedos sobre el piano y que la película corona con una increíble banda sonora compuesta por una veintena de canciones que acompañan -y también protagonizan- este viaje. La interpretación de temas como “Your Song”, “Rocketman”, “Tiny Dancer”, “Bennie and the Jets” y “Don’t Let the Sun Go Down On Me”, son un bálsamo para los seguidores del británico y la actuación de Taron Egerton, simplemente un regalo que el mismo Elton elogia cada vez que puede, destacando la calidad vocal del actor quien es el que interpreta los temas y el hecho de sentirse reflejado en su performance pese a haberle solicitado evitar la imitación (punto para Egerton).

Rocketman es una pieza cinematográfica llena de sentido que no olvida los periodos que llevaron al artista a caminar por la oscuridad. Sus múltiples adicciones no quedan fuera del filme y son retratadas por Fletcher con honestidad y firmeza, todo bajo el imprescindible influjo del brillo y el color; los excéntricos atuendos del cantante y su envidiable colección de anteojos, piezas claves para sumergirse en esta parte de su vida.