Situada a 39 años luz del sol se encuentra una estrella enana y fría con un sistema de siete exoplanetas que tendrían las condiciones necesarias para albergar vida. Su nombre es Trappist-1, en honor al telescopio robótico utilizado en el Observatorio de la Silla en Coquimbo, Chile, que permitió realizar su descubrimiento.

En un artículo publicado en Natura, los científicos señalan que fue posible estudiar el inusual sistema gracias al telescopio Spitzer de la NASA, y a un trabajo realizado en observatorios de Sudáfrica, Marruecos, Estados Unidos, Canarias y Chile (sumando Paranal de Antofagasta). Algunas conclusiones son que forma parte de la constelación de acuario y que la temperatura de la superficie de los planetas podría oscilar entre los 0 y los 100°C.

“Es un sistema planetario alucinante, no sólo porque sean tantos sino porque su tamaño es sorprendentemente similar al de la Tierra”, señaló Michaël Gillon, investigador de la Universidad de Lieja (Bélgica) y líder del estudio. Además, agregó que tres de ellos serían habitables, pero todo depende de su atmósfera: “los siete planetas podrían tener agua líquida y quizás vida en la superficie”.

El tamaño de Trappist-1 equivale a un 8% de la masa de nuestro sol y llegaría a una milésima de su brillo. Un tamaño que se define como una estrella “enana roja”, lo que permitiría a los planetas orbitarla desde muy cerca. Por ahora, fueron bautizados como “b”, “c”, “d”, “e”, “f”, “g” y “h”, y serían rocosos como la Tierra, Marte, Venus y Mercurio.

Los tres primeros estarían muy cerca de su sol, por lo que sus climas serían demasiado abrasadores como para que el agua no se evapore de su superficie. Según los científicos, el más alejado sería el más helado por la distancia con la estrella que orbitan. Los tres restantes estarían dentro de la llamada “zona habitable” y pueden llegar a tener océanos.

El científico a cargo de la investigación ya habla sobre el futuro del sistema: “En unos cuantos miles de millones de años, cuando el Sol haya agotado su combustible y el Sistema Solar deje de existir, Trappist-1 seguirá siendo una estrella en su infancia. Consume hidrógeno tan despacio que seguirá viva unos 10 billones de años, 700 veces más que la edad total del Universo y, posiblemente, es tiempo suficiente como para que la vida evolucione”.

Para seguir trabajando, en 2018 se lanzará el telescopio espacial James Webb que medirá la composición química de las atmósferas de los planetas. Si alguno de ellos contiene gases como el ozono, el oxígeno o el metano, la posibilidad de que exista vida sería ya una realidad.

Recreación de la superficie del exoplaneta Trappist-1f. Imagen: NASA/JPL-Caltech