Este año se conmemoran los 100 años del nacimiento de María Georgina Quitral Espinoza, o más conocida como Rayén Quitral, una de las cantantes líricas más importantes de Chile y la primera soprano mapuche. A pesar de existir pocos antecedentes de su vida, quienes conocen parte de su historia la recordarán sobre todo por su potente voz, la misma con la cual en 1938 le permitió cantar el himno chileno durante la inauguración del Estadio Nacional, sin la necesidad de usar un micrófono.

Nacida el 7 de noviembre de 1916 en Illoca, aldea costera de la Séptima Región, Rayén -apodada desde pequeña como “Alondra Mágica”– fue una soprano “tenía una coloratura única en el mundo del canto”, característica que le permitió destacar no sólo en Chile, sino que también en diferentes países del mundo.

De padre mapuche y madre campesina, Rayén sorteó las dificultades que trae la pobreza y la discriminación hacia sus orígenes para sobresalir como cantante lírica. Luego de estudiar canto en Curicó y Talca, se trasladó a Santiago donde fue alumna de la profesora Emma Ortiz. Tras esa experiencia, ingresó al Conservatorio de Música, lugar desde donde pudo partir pronto a Argentina, Uruguay y Perú, países donde pudo perfeccionarse.

Durante algunos años se radicó en Nueva York –donde vivió en la casa del maestro chileno, Claudio Arrau– y en 1954, la Asociación de Cronistas de Cine, Teatro y Radio le otorgó el “Caupolicán” al considerarla la mejor cantante lírica de Chile. Tras eso, en 1956 viajó becada a Alemania y cantó en distintos escenarios de países como Brasil, Cuba, Inglaterra, Italia, México, Francia y Canadá.

En busca de la Alondra Mágica

“Pionera, indomable, una diva. A veces de carácter difícil, mujer generosa que lo dio todo en el escenario de la lírica (…) a veces indisciplinada, esforzada y perseverante”. Así la describe Marcelo Quitral, Licenciado en Cine Documental (y pariente de Rayén), quien interesado en descubrir su lazo con la cantante, investigó a fondo su vida, acumulando datos que le permitieron comenzar a registrar un documental que aún busca financiamiento para ser terminado.

Durante el proceso, supo por ejemplo, que la cantante estaba orgullosa de sus raíces y por eso, en sus presentaciones vestía con atuendos mapuche, que para costear un piano que compró en Alemania, fabricó empanadas y leyó el tarot y que destacó por hacer clases en el Hospital Psiquiátrico El Peral, donde les enseñó a cantar a los internos, convirtiéndose en una pionera en este tipo de actividades.

Rayén Quitral, la Flor de Fuego, se retiró del canto en 1967 para dedicarse a la dirección coral y la enseñanza en escuelas de escasos recursos. Murió en Santiago el 20 de octubre de 1979.

Puedes conocer más de la Rayén Quitral aquí: https://goo.gl/Txnttv